Enrique Jonguitud / Agencia Portátil
Buenos Aires, 25 de mayo.- Los domingos se le puede ver en las calles de San Telmo entregando su arte a los transeúntes. Se llama Guillermo Bernasconi y lleva al menos 27 años presentándose en las calles de este tradicional barrio porteño.
Suena un viejo tango y el títere, que representa a un anciano borracho, comienza a desplegar su drama frente al público. Guillermo escribe sus propios guiones y los ofrece a la gente a cambio de una colaboración voluntaria.
«Vengo de la rama de las artesanías, de las artes plásticas, y después me pasé a las artes escénicas con el teatro y ya después me pasé a construir mi propio muñecos para hacer el teatro de títeres que es lo que más me fascina y hay una expresión para poder comunicarme con mi arte», dice.
Cada función callejera se convierte en un pequeño acto de emoción compartida. Bernasconi reconoce que el público conecta profundamente con sus personajes y con la sensibilidad de sus historias.
«La gente se emociona, ven la habilidad de manejarlo, ven la expresividad que tiene el número, es más como está con la base ya de tangos tradicionales, que tiene ya mucho peso cultural en esta ciudad, se hace un combo emocional y artístico muy fuerte».
Actualmente, además de sus presentaciones callejeras, ofrece espectáculos infantiles en escuelas, teatros y cumpleaños, manteniendo viva una tradición artística que resiste al paso del tiempo.
«Digamos en diferentes lugares donde siempre ha habido actividad titiritera».
Sin embargo, el artista lamenta el difícil momento que atraviesa la cultura en Argentina y asegura que hoy el apoyo estatal prácticamente ha desaparecido.
«Ahora no hay nada, con esta cultura que estamos teniendo de depredación y de odio hacia los artistas de este país no hay absolutamente nada».
Bernasconi recuerda que entre 2003 y 2023 tuvo la oportunidad de participar en distintos proyectos culturales financiados por el gobierno argentino, experiencias que le permitieron desarrollar y compartir su arte con mayor alcance.
Ahora, como muchos artistas latinoamericanos, asegura que lo único que queda es resistir. Y esa resistencia tiene escenario en uno de los barrios más entrañables y bohemios de Buenos Aires: San Telmo.
El mercado de antigüedades, los puestos en la plaza, los pintores, los artesanos y la impresionante oferta gastronómica convierten a San Telmo en un sitio mítico. Entre ese paisaje cultural, cada domingo todavía puede verse a Guillermo Bernasconi y a sus títeres actuando desde la resistencia, defendiendo con arte y sensibilidad una tradición que se niega a desaparecer.















