Cuatro años dentro de la estructura, fotografías con la vieja dirigencia y ahora una promesa de ruptura: la base comienza a preguntar si realmente cambió el proyecto… o solamente cambió el color
Cd. Victoria, Tams. Las palabras más repetidas durante esta campaña sindical han sido “cambio verdadero”.
Pero también comienzan a ser las más cuestionadas.
El candidato de la Planilla Azul, Abrham Vargas Hernández, promete que, si gana las próximas elecciones, denunciará cualquier irregularidad relacionada con plazas, ascensos, escalafones, ingresos a bolsa de trabajo y movimientos internos.
Suena contundente.
Hasta que alguien formula la pregunta que puede desarmar todo el discurso:
¿Por qué después de ganar?
Si existen irregularidades.
Si las conoce.
Si tiene elementos para denunciarlas.
¿Qué impide hacerlo hoy?
La justicia no necesita esperar elecciones.
Y las posibles víctimas tampoco.
La contradicción resulta todavía más incómoda porque Vargas Hernández no apareció ayer en la vida sindical.
Durante cuatro años formó parte de la estructura encabezada por el actual dirigente, Antonio Zuñiga García.
Sigue siendo tesorero.
Conoce y conoció el funcionamiento interno.
Participó y continua participando en la actual administración sindical.
Y ahora pretende presentarse como quien llegará a descubrir aquello que asegura que lleva años ocurriendo.
Entonces solo existen preguntas.
Si lo sabía, ¿por qué calló?
Si no lo sabía, ¿cómo puede denunciarlo ahora con semejante seguridad?
Y si tiene pruebas, ¿dónde está la denuncia?
Como si eso fuera poco, las fotografías de su reciente visita a la capital mostraron al propio Antonio Zuñiga García participando en el recibimiento del candidato que supuestamente representa la ruptura con su época.
Puede haber explicaciones.
Pero las campañas no solamente viven de explicaciones.
Viven de credibilidad.
Y ahí comienza el verdadero incendio político.
Porque algunos trabajadores ya vivieron una historia parecida.
Años atrás apareció otra planilla prometiendo renovación. Terminó desapareciendo después de que la percepción de cercanía con la actual dirigencia devorara su discurso.
Hoy los colores cambiaron.
Los slogans cambiaron.
Las fotografías también.
Pero un personaje permanece atravesando ambas historias:
Antonio Zuñiga García.
¿Casualidad?
Puede ser.
¿Prueba de un acuerdo?
Lo más probable.
¿Un problema gigantesco de credibilidad para una candidatura que pretende vender ruptura?
Sin duda dentro de esta narrativa.
Por eso la elección podría terminar reducida a una pregunta brutalmente sencilla:
¿Cómo puede alguien prometer romper mañana con una estructura de la que forma parte hoy?
La base trabajadora decidirá.
Pero el candidato tiene un problema que ningún espectacular puede resolver:
antes de pedir confianza para los próximos cuatro años, tendrá que explicar los cuatro anteriores.














