Mauricio Serrano Bovio
Érase una vez, una familia que vivía en el extranjero
Mamá está muy orgullosa, su tatarabuelo fue un héroe mexicano. Jesús García Corona sacrificó su vida para salvar la ciudad de Nacozari; Sonora. Nuestra familia es ferrocarrilera y vive en las ciudades donde había estaciones del ferrocarril. Mamá nació en Ciudad Victoria; Tamaulipas. Con orgullo nos plática cómo izan la bandera a media asta mientras cantan el himno nacional, las autoridades hacen guardia de honor y dejan flores en el busto del Héroe de Nacozari.
— ¡Viva Jesús García Corona! ¡Viva México! Gritamos.
Después de comer, a escondidas, hago una reunión con papá y mis hermanos. Les propongo juntar nuestros ahorros y festejar el cumpleaños de mamá en Victoria. Papá pagará comidas y gasolina, mis hermanos y yo, el hotel.
Aunque fuimos discretos, mamá se dio cuenta al ver a papá buscando ropa. Cuando supo la sorpresa, ella lloró. Juntos terminamos los preparativos para el viaje y salir temprano al día siguiente.
Para mis hermanos es la primera vez que vienen a México, todo es novedad para ellos. Nos detenemos a comer flautas y gorditas en un restaurante de la carretera, yo soy la única que no vuelve a ordenar y bromean que estoy a dieta. Al llegar al hotel soy la encargada de registrar nuestra entrada. Tengo planes para cada día, mañana será siete de noviembre “Día de ferrocarrilero”, e iremos a la antigua Estación Victoria del ferrocarril.
Pregunto al recepcionista los nombres de las calles solamente para estar segura, pero tengo el mapa y las indicaciones para llegar a la Estación. Papá a regañadientes maneja por donde le digo, dice que él es de Victoria y conoce las calles mejor que internet.
Batallamos para encontrar estacionamiento, hay un tianguis y mucha gente, Mamá nos apura a bajar, se ve muy feliz. Nos hace correr para encontrar lugar para el homenaje del Héroe de Nacozari. Desconcertados, sin comprender por qué no está el busto del héroe, la señora que vende comida nos ve con tristeza.
Somos de Brownsville. ¿Sabe? El héroe es mi tatarabuelo, por eso venimos a festejarlo. Le dice mi mamá
¡Uy, al que festejábamos se lo robaron! Responde la señora
Pasamos dos días desanimados, pero el recepcionista nos informó que en la escuela Héroe de Nacozari tienen su busto. Entonces fuimos, mamá saltaba de alegría, tomamos muchas fotos, y el viaje que pudo ser triste, se transformó en felicidad.
Colorín colorado, quien no se pare, se queda pegado.














