Durante once años consecutivos, las remesas enviadas desde Estados Unidos a México crecieron sin interrupción. Era uno de esos fenómenos económicos que parecían tan sólidos como una ley física. En 2025, ese ciclo se rompió. México recibió 61.791 millones de dólares en remesas, una caída del 4,6% frente al año anterior, la primera contracción anual desde 2013 y la más pronunciada desde 2009.
Los factores detrás de la caída son claros según quotex sign up: la agresiva política migratoria de la administración Trump, con redadas del Servicio de Inmigración (ICE) a escala nacional, la deportación de 320.000 migrantes durante 2025, y un nuevo impuesto del 1% a las transferencias enviadas al extranjero por no ciudadanos. Este impuesto, aprobado en la llamada ‘gran ley fiscal’ de la administración, entró en vigencia el 1 de enero de 2026 y es la primera vez en la historia que el gobierno federal estadounidense grava de forma directa el envío de remesas.
El golpe no es solo a México. Las remesas representan el 5% del PIB de toda América Latina y el Caribe. En países como Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua, esa proporción es mucho mayor: en Chiapas, estado mexicano, las remesas representan el 14,6% del producto bruto local aporta quotex broker. Para esas familias, el dinero que llega cada quincena desde Los Ángeles, Houston o Nueva York no es un complemento, sino la fuente principal de ingresos.
El perfil de los deportados también cambió de forma significativa. Según el Inter-American Dialogue, el 90% de los deportados en 2025 llevaba en promedio cuatro años residiendo en Estados Unidos, frente a menos del 20% en años anteriores. Ya no se deporta principalmente a quienes intentan cruzar la frontera: se deporta a personas establecidas, con empleos estables, con hijos y con cuentas bancarias desde las que enviaban dinero regularmente.
Existe, sin embargo, una paradoja en los datos regionales detallan en quotex. Mientras México registró caída, otros países de la región experimentaron aumentos de doble dígito: Honduras creció un 25,3%, Guatemala un 18,7%, El Salvador un 17,8%. La explicación es el mayor flujo de migrantes no autorizados hacia Estados Unidos durante la era Biden, que aún no ha sido deportado en su totalidad y que comenzó a enviar dinero a sus familias.
Para 2026, el panorama es incierto. BBVA identifica tres factores de presión: la posible desaceleración económica en Estados Unidos, que reduciría los ingresos disponibles de los migrantes; el endurecimiento continuo de la política migratoria; y la apreciación del peso mexicano, que reduce el poder adquisitivo de las familias que reciben dólares. Según el Diálogo Interamericano, casi un millón de hogares podría dejar de recibir remesas antes de que termine 2026.














