Victor Terrazas/Especial
LLERA, 11 de mayo.- Fieles al cumplimiento de su último deseo, familiares, amigos y paisanos depositaron los restos mortales del tamaulipeco de excepción, ilustre jurista, pulcro magistrado, destacado masón, elocuente orador, historiador apasionado, emotivo cronista y caballeroso amigo, Licenciado en Derecho y Maestro en Historia, José Ascención Maldonado Martínez.
Nativo de éstas fecundas tierras bañadas por las aguas del río Guayalejo, que disfrutó desde su niñez, vivió siempre enamorado de su terruño, a pesar de haber radicado en lugares tan bellos como Acapulco y su bahía, o la Ciudad de México, el centro laboral más grande para el ejercicio de la abogacía y la capital de la cultura.
Por ello, su deseo, de retornar » a la madre tierra», a los orígenes, a la «sombra del mezquite gacho» en el Panteón Municipal de Llera, al lado de sus hermanos y de sus padres Don Nabor y Doña Manuelita, a quienes siempre profesó amor, gratitud, cariño y respeto.
Su hija, María Eugenia Maldonado, dio cumplimiento cabal a los deseos de su padre de ser sepultado en Llera, y que dejó asentado en un escrito a puño y letra, además de externarlo con frecuencia a sus amigos masones, amigos del Café La Tía de Victoria y a su fiel cuidandera Erika.














